Boca del Río, Veracruz, México Lunes 23 de julio de 2018
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Las aguas benditas de Chiapas (1)
Manuel Zepeda Ramos
Jul 11, 2018 / 13:19
El halago recién y en todo lo alto de Alfonso Romo para las aguas de Chiapas y Tabasco, que revela el potencial enorme de estas tierras del sureste para el futuro nacional, nos va perfilando también como las que habrán de ser las proveedoras del vital líquido para la zona metropolitana del país y estados que la acompañan -con todo y el costo que significa bombear grandes volúmenes de metros cúbicos de agua a 800 kilómetros de distancia y a dos mil metros de altura-, para evitar la pena enorme de que la quinta parte de México colapse por ausencia de este elemento vital en un futuro ya no tan lejano.

Me atrevo a decirlo porque el río Tuxpan, el escurrimiento fluvial más cercano y poderoso a la Capital del país y candidato de siempre para dotar de agua a una de las zonas metropolitanas más pobladas del Planeta, está profundamente contaminado junto a todos los ríos de Veracruz que vierten sus aguas al Golfo de México.

Pero si de contaminación se trata ahora de hablar, junto a un posible agotamiento de causes estables, Chiapas y Tabasco no están precisamente en el paraíso:

Aquí he afirmado que, desde que me convertí en adolescente, una de mis mayores preocupaciones ha sido que el río Grijalva pierda su flora abundante que la debe de acompañar en su zigzagueante recorrido hacia el mar, porque esa flora va a permitir que la gran Sierra de Chiapas y demás montes que integran nuestro estado -si Chiapas se planchara sería más grande que Chihuahua, dijo Eraclio Zepeda-, pueda proporcionar el agua suficiente - a él y a sus afluentes-, para que el gran río no se seque: en el Grijalva, por ese motivo, el gasto tan necesario disminuye todos los días, suficiente problema para que se convierta en asunto de gran preocupación. Además, si en este momento quisiéramos hacer uso doméstico de sus aguas, nos encontraríamos que no están aptas para el consumo humano.

Este flagelo insoslayable, más otro de carácter legal que lo convierte en solo un generador de energía eléctrica y le impide usar sus aguas para riego, que más adelante abordaré en otro artículo, hacen del Grijalva un tema de enorme interés para la conservación de la vida.

Por lo pronto, debemos empezar desde el principio y eso significa que tenemos que llamar la atención del mundo: Nuestros dos grandes ríos, el Grijalva y el Usumacinta, deben ser ya considerados como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Para eso, hay materia suficiente. Además de estar enclavados en una zona que es considerada por el Planeta como Reserva de la Biósfera, nuestros dos grandes ríos son tan importantes como el río Nilo, sin ninguna duda: el Grijalva y el Usumacinta han estado al cuidado de pueblos que poseen una cultura milenaria, que viven en la zona, que conservan sus costumbres, su vestimenta y sus lenguas -algunas ya con gramática lo que permite desarrollar una escritura que las preserve-, pero sobre todo, con ello lograríamos una vacuna eterna para su conservación que beneficie a las futuras generaciones. Permitiría, además, inhibir el deseo de construir grandes obras hidroeléctricas, ahora sobre el Usumacinta, que provocarían inundaciones
y que impidieran la conservación de nuestro pasado histórico, tan importante como la conservación de la vida.

Es posible que ya no lo recuerden, pero desde este espacio he dicho que aquí en nuestro territorio hay personas muy inteligentes que tienen más de una década fabricando agua, como lo oyen. Son sabios de la vida cotidiana que, arreglando con escasos recursos y materiales de la región las antiguas rutas de los escurrimientos que se han alterado por las fuertes avenidas que provocan los ciclones y tormentas tropicales, regresan a ellas, a la memoria del escurrimiento, lo que provoca que la flora endémica vuelva a crecer al evitar la destrucción del suelo por erosión.

Compuesta la ruta de las aguas, “la flora llega sola”, dicen ellos, para que el ecosistema se regenere solo y yo les creo porque lo he visto: a 10 kilómetros de distancia del Palacio de Gobierno de Tuxtla Gutiérrez, hay un rancho a un lado de Copoya y el Jobo que parece que estás en el corazón de Montes Azules. Cascadas, arroyos cristalinos, grandes árboles, flora y fauna endémica del trópico húmedo creados con el solo cuidado de evitar la erosión por escurrimientos no restaurados: “siembro agua”, dice su dueño. En Villaflores hay un rancho que ha bajado su temperatura hasta cinco grados con solo cuidar los escurrimientos y crear aguajes en las cotas altas. Los cerros que rodean a Tuxtla, por ejemplo, con solo componer con obras mínimas de mampostería los escurrimientos que han provocado la desaparición del suelo fértil podrían ordenar los escurrimientos hacia el río Sabinal y coadyuvar en muy buena medida a evitar las inundaciones que han flagelado en los últimos años a la capital de Chiapas.

Estas pequeñas y sencillas obras de ingeniería que se realizarían en todo el estado con mano de obra y materiales de la región para estabilizar los escurrimientos, generaría la ocupación de una mano de obra tan necesaria en el estado y se daría un paso importante, en el mediato plazo, para estabilizar los escurrimientos que doten de agua al cauce necesario del Grijalva y sus afluentes.

Con el Grijalva seco, se acaba Chiapas.


* Las opiniones y puntos de vista expresadas son responsabilidad exclusiva del autor y no necesariamente reflejan la línea editorial de Cambio Digital.

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