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2019, Otro 18 de Marzo
Adolfo Roberto Pérez Valdés
Mar 14, 2019 / 22:44

Expropiación de ruinas.
Creación de Petróleos Mexicanos.
Sometimiento del Sindicato.
Un patrón todo poderoso.


El venidero lunes, sino decide otra cosa el gobierno federal, se repetirá la conmemoración o celebración de la Expropiación de la industria petrolera consumada en el año de 1938 del siglo 20.

Acto jurídico ejercido por el régimen del general Lázaro Cárdenas del Río, decisión que dio trascendencia a ese primer sexenio del presidencialismo hegemónico, y desencadenó una corriente de culto que permanece aún en el ambiente político nacional.

Sin embargo, aquella decisión de expropiación estatizante de instalaciones ruinosas propició diversas anomalías cívicas y financieras, que tres generaciones de mexicanos han padecido y muy probablemente persistan al finalizar esta segunda década del siglo XXI y en la tercera, la cual inicia ya el año entrante.

La expropiación de las ruinosas instalaciones industriales, propiedad de las empresas petroleras extranjeras, le significó un gasto extraordinario al gobierno pues debió indemnizar a esas compañías. Es un hecho histórico que las clases populares contribuyeron, a pesar de su precaria economía, aportando al pago de esa indemnización.

De todas formas, las empresas impusieron un embargo de insumos industriales al gobierno para evitar que los obreros mexicanos operaran por si mismos las instalaciones. La creatividad de los obreros sindicalizados sacó del paro a las ruinas de las instalaciones.

Años después en un acto tachado de antipatriótico, el régimen de Miguel Alemán Valdés, el primer presidente civil, accedió a seguir pagando la indemnización en dólares. Ya habían pasado doce años y los pagos por los ruinosos bienes expropiados seguían.

El pago de la indemnización se hizo onerosa. Los mexicanos desconocemos cuánto pagamos y cuándo se terminó de pagar.

Esa fue una de las primeras anomalías financieras.

Nunca he escuchado en ningún discurso este dato que debieramos de conocer y tener presente.

En el aspecto cívico, una de las anomalías fue el sometimiento total del sindicato a un patrón todopoderoso; el gobierno federal o el presidente en turno. El sindicato pasó de negociar y enfrentar a diversos patrones extranjeros a ser sometido por un nuevo patrón, la empresa Petróleos Mexicanos creada por decreto presidencial, propiedad exclusiva del gobierno federal.

Fue un doble sometimiento.

El económico, pues los obreros sindicalizados pasaron a ser empleados del negocio o empresa presidencial.

Y el sometimiento político, pues el sindicato petrolero estaba incorporado al Partido de la Revolución Mexicana/PRM ex PNR, el organismo partidista coto particular del presidente. El llamado partido de estado y que fuera creado por el mismo presidente para someter a voluntades no afines o que disentían del Jefe Máximo, Plutarco Elías Calles.

El turco fue bastante inteligente, pues consumó la eliminación física de tres rivales políticos. Dejó que se liaran electoralmente de manera violenta tres generales; Alvaro Obregón que buscaba ser nuevamente presidente, pero ahora por seis años al ser reformada la constitución federal, Francisco Rufino Serrano y Barbeytia, y Arnulfo R. Gómez. Todos murieron asesinados. Obregón, ganó siendo candidato único tras la ejecución de sus contrincantes.

Después vendría la creación del PNR, el brazo político electoral del presidente. A este fue sometido el sindicato petrolero.

Así que el sindicato petrolero tras su gesta de unificar distintos gremios y pugnar por la firma de un contrato único con las empresas petroleras extranjeras, cayó en un sometimiento peor: ser empleado del gobierno federal y vasallo político dentro del partido del presidente o del gobierno mismo.

Y las generaciones de sindicalistas posteriores a los fundadores del gremio crecieron y se desarrollaron en el vasallaje del Amo o del Señor Presidente. Y en el culto al general Cárdenas, en el culto al acto de expropiación. Y vinieron las compensaciones corruptoras, los días feriados, aparte del 18 de marzo, las diputaciones locales, las federales, las alcaldías, las senadurías, regidurías, y por supuesto las comisiones sindicales y sus sobre sueldos a los funcionarios sindicales.

Pero ese régimen presidencial se ha ido. Entonces es tiempo de que la actual generación del sindicato deje de ser vasallo del presidente y del culto al 18 de marzo. Es tiempo de que supere al Cardenismo y al PRI, es tiempo de que el sindicato recobre su independencia.

Ya es hora.



CD/GL

* Las opiniones y puntos de vista expresadas son responsabilidad exclusiva del autor y no necesariamente reflejan la línea editorial de Cambio Digital.
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