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Jun 11, 2018 / 15:13
Sergio Pitol, mago de la palabra, mesa redonda con Juan Villoro, Jorge Volpi y Laura Demeneghi
Sergio Pitol, mago de la palabra, mesa redonda con Juan Villoro, Jorge Volpi y Laura Demeneghi
Martes 12 de junio a las 19:00, en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes
Ciudad de México. La mañana del 12 de abril pasado falleció el escritor Sergio Pitol en su casa de Xalapa, Veracruz, a los 85 años, y para recordarlo entre colegas, amigos y lectores se lleva a cabo un Homenaje Nacional que llegará al Palacio de Bellas Artes con la mesa redonda Sergio Pitol, mago de la palabra, en la que participarán Laura Demeneghi, Jorge Volpi y Juan Villoro.

Esta actividad, que tendrá lugar el martes 12 de junio a las 19:00 en la Sala Manuel M. Ponce, será musicalizada con arias de Wolfgang Amadeus Mozart, interpretadas por las cantantes Lourdes Ambriz y Encarnación Vázquez, acompañadas por Józef Olechowski al piano.

El narrador y periodista Vicente Alfonso habló sobre los elementos que diferenciaron la escritura de Sergio Pitol respecto a la de sus contemporáneos: “Lo primero que salta es que se nutre de los lugares en donde vivió. Primero de modo inconsciente y después tomó el viaje como modo de aprendizaje y de ahí viene uno de sus títulos que parafrasea también la obra de Bach, que es El arte de la fuga, pero es el arte de la fuga literaria. No es extraño que se acostumbre o se imponga como una especie de poética la transgresión de géneros y de convenciones literarias. En realidad, lo que estaba buscando es una literatura no clasificable”.

Vindicación de la hipnosis, incluido en el libro El arte de la fuga, es uno de los textos que mejor ejemplifica lo anterior. Vicente Alfonso señaló que este inicia como una crónica puntual de un esfuerzo por dejar de fumar y termina siendo otra cosa muy diferente. “Parte de una anécdota para contar otras cosas y catapultar cosas que ni sospechábamos. Se da cuenta con esta experiencia de hipnosis de que hasta ese momento su vida ha sido una fuga constante de pasajes familiares y personales dolorosos, de aprendizajes duros, y el hacerlo consciente le facilita el trabajo de enfrentarlos y poder hacer literatura a partir de ahí. Si lo leemos a partir de lo canónico advertimos este desplazamiento. Hay textos que empiezan siendo un ensayo y terminan siendo un cuento, o hay otros que empiezan siendo una crónica y terminan siendo un ensayo, y esto es deliberado porque buscan generar una impresión en los lectores”, dijo.

En Sergio Pitol son fundamentales dos colecciones de obras, la primera es Trilogía de la memoria, compuesta por El arte de la fuga (1996), El viaje (2001) y El mago de Viena (2005), donde combina memorias de viaje con ensayos y ficción; y su Tríptico del carnaval en el que figuran El desfile del amor (1984), Domar a la divina garza (1989) y La vida conyugal (1991).

“El Tríptico del carnaval son experimentos esencialmente narrativos, aunque nada en la obra de Pitol puede ser tomado puro, y en Trilogía de la memoria son reflexiones y está compuesta por estos libros que son a caballo entre la crónica, el ensayo y la memoria, lo cual le da un tono muy especial. El estilo netamente pitoliano de la última etapa se desarrolla ahí con más poder que nunca. En el Tríptico del carnaval los personajes suelen ser escritores o historiadores, que están indagando y hay aventuras intelectuales al interior de las novelas”.

La colección Sergio Pitol Traductor, creada en 2007 por la Universidad Veracruzana, ha alcanzado 20 títulos publicados. Sobre esta labor, Vicente Alfonso señaló que de no haber sido por el autor de El tañido de una flauta (1972) muchos autores hubieran tardado tiempo en llegar, o no habrían llegado hasta nuestra lengua con la misma fuerza, como Henry James, Joseph Conrad, Robert Graves, Jane Austen y Witold Gombrowicz.

“Hay dos ejercicios que aconseja Pitol en sus libros para quienes quieren ser escritores: imitar el estilo y ponerse a traducir. ‘Si quieren desarmar una novela y ver cómo funciona pónganse a traducir’, decía. Él lo hizo y además asimiló los recursos que estaban siendo puestos en juego en otras literaturas, entonces no nada más son las traducciones que hizo, que muchas son valiosas per se, sino cómo las maneras de traducción fueron asimilados e incorporados en la literatura. Me parecen dos de las cosas más rescatables”.

También cabe señalar los esfuerzos como editor de Pitol al crear la colección Biblioteca del Universitario, cuya labor de difusión apostaba por los clásicos de la literatura universal.

“Él insistía mucho en la figura del excéntrico como la especie mejor lograda y pura de los escritores y creo que él era eso, un excéntrico, no posicionarse en el centro del canon sino de buscar deliberadamente las orillas porque eso nos ofrece una perspectiva distinta del mundo y de la literatura. Pocos escritores como Pitol por la generosidad con la que nos acercaban a la literatura, digo ‘nos acercaban’ pero debería de decir ‘nos siguen acercando’ porque Pitol no es un autor en donde haya mundos desprovistos de otros autores. Sus personajes leen a Henry James, a Conrad, a Chéjov. Es un camarada literario. Leer a Pitol es leer a muchos otros junto con él, esta generosidad de dejarnos escuchar otras voces, de compartirnos sus hallazgos de lectura, hacen que se le extrañe aún más”.



CD/GL

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